CAMPAÑA DEL SUR

Las Campañas del Sur es el nombre con que se conocen a una serie de campañas militares que emprendió la Gran Colombia al sur de su territorio entre 1822 y 1826 contra el dominio español en la América del Sur y que tuvieron una importancia decisiva para la independencia de las actuales repúblicas de Ecuador, Perú y Bolivia.
Después de la victoria de Carabobo, Bolívar es vuelto a ser encargado de la presidencia por el congreso en Cúcuta (3 octubre). Sin embargo, Bolívar sentía que su obra no había concluido. Encarga a Carlos Soublette de la vicepresidencia de Venezuela y nombra a Santander presidente encargado de la República de Colombia. Allí inicia la Campaña del Sur.
El libertador logra su primera victoria en Bomboná, el 7 de abril de 1822 y Antonio José de Sucre completa la libertad de Ecuador, el 24 de mayo en Pichincha. Es importante mencionar que Guayaquil, que ya era independiente, fue anexada a Quito. El 26 y 27 de julio de 1822 se lleva a cabo una entrevista entre dos de los más grandes hombres del continente: Simón Bolívar y el General argentino San Martín.

Se fundó, en lo que se llamaba el Alto Perú y que formaba parte del Virreinato de Buenos Aires, la república de Bolivia (cuyo nombre se dio en honor al libertador). Bolívar es encargado de la redacción de la constitución y Sucre se convierte en el primer presidente de ese nuevo país.

ACCIÓN DIPLOMÁTICA DE SUCRE
El 11 de enero de 1821, en Bogotá, fue nombrado por Bolívar comandante del Ejército del Sur, en reemplazo del general Manuel Valdés; era la fuerza que, desde 1820, operaba en Popayán y Pasto. No recibió Sucre el cargo porque razones de Índole estratégica y política hicieron que Bolívar anulase tal designación y le diese comisión para marchar a Guayaquil, donde reemplazaría al general José Mires y asumiría la misión que se le había encomendado: la de hacer que la provincia (la cual se había independizado de los españoles en octubre de 1820) se incorporase a la República de la Gran Colombia y tomar el mando de las tropas que hubiese en Guayaquil, como pasos previos para la liberación de Quito, que era el propósito principal de las operaciones que se ejecutasen. El 6 de abril llegó Sucre a Guayaquil y al presentarse ante la Junta de Gobierno, expuso la razón de su presencia allí y de la idea de una unión de la provincia con Colombia. El 15 del mismo mes fue celebrado un tratado entre Sucre (por Colombia) y José Joaquín de Olmedo, Francisco Roca y Rafael Jimena, miembros de la Junta. El tratado estipulaba que Guayaquil mantendría su soberanía, pero bajo la protección de Colombia. En aquella oportunidad Sucre quedó facultado para abrir la campaña contra los realistas, y con tal motivo, Guayaquil le ofreció todos los recursos disponibles.

LA BATALLA DEL PICHINCHA
La Batalla del Pichincha ocurrió el 24 de mayo de 1822, en las faldas del volcán Pichincha, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, cerca de la ciudad de Quito, en el Ecuador actual. El encuentro, que ocurrió en el contexto de las Guerras de Independencia Hispanoamericana, enfrentó al ejército independentista bajo el mando del General Venezolano Antonio José de Sucre y al ejército realista comandado por el Mariscal de Campo Melchor De Aymerich. La derrota de las fuerzas realistas leales a España condujo a la liberación de Quito y aseguró la independencia de las provincias que pertenecían a la Real Audiencia de Quito, también conocida como la Presidencia de Quito, la jurisdicción administrativa colonial española de la que eventualmente emergió la República del Ecuador. Cuando amaneció, sin que Sucre lo supiera, los centinelas posicionados cerca de Quito avistaron a las tropas Patriotas ascendiendo por las laderas del Pichincha. Aymerich, entonces consciente de la intención de Sucre de flanquearlo por medio del ascenso al volcán, ordenó a su ejército de 1.894 hombres ascender la montaña lo más pronto posible, para enfrentar ahí a Sucre.

A pesar de que en el contexto de las Guerras de Independencia de América la Batalla de Pichincha figura como un conflicto menor, tanto en términos de su duración como del número de combatientes, sus consecuencias fueron bastante significativas. El 25 de mayo de 1822 Sucre entró con su ejército en la ciudad de Quito, donde aceptó la rendición de todas las tropas españolas establecidas en el territorio que el gobierno de Colombia llamaba “Departamento de Quito”, al considerarlo como parte integral de la República de Colombia desde su creación el 17 de diciembre de 1819.
Cuando Sucre recapturó Cuenca el 21 de febrero, obtuvo de su Consejo local un decreto en el cual se proclamaba la integración de su ciudad y provincia a la República de Colombia. Entonces, con la rendición de Quito, que a su vez puso fin a la resistencia Realista en la provincia norteña de Pasto, Bolívar pudo entrar en la ciudad, como finalmente lo hizo el 16 de junio de 1822. Entre el entusiasmo general de la población, la antigua Provincia de Quito fue incorporada a la República de Colombia. Por su parte Guayaquil, que aún no decidía su futuro, con la presencia tanto de Bolívar como del victorioso ejército Gran colombiano en su territorio, proclamó la incorporación de Guayaquil a la Gran Colombia el 13 de julio de 1822.
LA CAPITULACIÓN DE PICHINCHA
BATALLA DE BOMBONÁ
La Batalla de Bomboná fue un combate realizado el 7 de abril de 1822 entre tropas colombianas y españolas durante la marcha del ejército de Simón Bolívar hacia Quito. A pesar de las desfavorables condiciones Bolívar decidió atacar pues quería llegar a tiempo a Quito donde lo estaría esperando Sucre para librar la batalla decisiva.
Las grandes bajas sufridas en el enfrentamiento paralizaron por unos días a Bolívar mientras esperaba refuerzos. La batalla fue igualmente desastroza para los españoles, a pesar de que detuvieron a los colombianos un breve tiempo para ello tuvieron que desviar tropas de Quito donde Sucre se hallaba a la ofensiva. Los realistas de Pasto capitularían poco después.
ENCUENTRO DE BOLIVAR Y SUCRE EN QUITO

ENTREVISTA ENTRE BOLÍVAR Y SAN MARTÍN
La entrevista entre Bolívar y San Martín se desarrolla los días 25, 26 y 27 de julio de 1822 y termina, con la integración de Guayaquil al territorio colombiano. De inmediato, Bolívar se traslada a la hacienda "El Garzal" donde la pareja disfruta de días de gran felicidad. Ambos comparten preocupaciones militares y responsabilidades políticas, produciéndose así un proceso simbiótico. En lo posterior, no se concebiría a Manuela sin Bolívar o Bolívar sin Manuela. Ella encuentra la felicidad, que siempre le fue adversa, en la comprensión, el amor y el respeto de un hombre de la talla de Bolívar, con quien comparte estrechamente un mismo compromiso con la historia.
Bolívar nunca imaginó un encuentro tan decepcionante y tenso con el General. San Martín era un hombre de tenacidad incomparable, honrado, ajeno a las intrigas políticas. Pero era práctico, tal vez demasiado. Tenía concebido poner a un rey en el Perú. Esto indignó a Bolívar. Si algo odiaba el Libertador, de manera visceral, era el cuento de las coronas y las dinastías. La idea bolivariana de la democracia era simplemente incompatible con la solución sanmartiniana. Su negativa fue tajante.
Acto seguido, San Martín se ofrece a ser su lugarteniente, y el Libertador no acepta. No confía de lleno en el argentino, pero le dice algo más diplomático: que no se siente capaz de darle órdenes. Luego viene lo más bochornoso del encuentro. En la fiesta, el austero San Martín, demasiado serio y pésimo para el baile, se siente incómodo e ignorado. Bolívar baila endiabladamente, lanza una arenga formidable, brinda en repetidas ocasiones por la gloria de América. Queda claro quién manda, y San Martín se ve obligado a desaparecer del recinto. Al día siguiente se va de Guayaquil. Al poco tiempo abandona América, para nunca más volver.
ANEXIÓN DE GUAYAQUIL A COLOMBIA
La primera llegada de Bolívar a Guayaquil se produjo el 11 de julio de 1822. La tradicional cortesía y generosidad guayaquileña hizo que sea recibido con grandes muestras de júbilo: no se recibía al “Libertador”, puesto que Guayaquil se había independizado dos años antes y sin su ayuda; se recibía simplemente a un gran hombre de América. La gran mayoría de guayaquileños lo saludó expresándole con voz emocionada “Viva Guayaquil Independiente”; confirmándole así su deseo de no ser anexados a ningún país extranjero.
Guayaquil sabía que ella representaba la esencia de la libertad y, generosa como era, sabía también que, así como su participación había sido determinante para dar la libertad a Quito y consolidar la independencia de Colombia, de ella dependía también -en gran parte- la libertad del Perú; por eso, queriendo compartir su independencia y su condición de república soberana, Guayaquil aclamó a Bolívar con expresivos gritos de “Viva Colombia... viva el Libertador” o “Viva Bolívar... Viva el Perú”.
“El pueblo de Guayaquil había declarado su independencia sin la intervención de otros pueblos. Libre por sí mismo, por nadie libertado, tenía perfecto derecho para darse un gobierno propio o por escoger la nacionalidad que más le conviniese. Recibió auxilio y armas del Perú y soldados de Colombia para sostener su independencia, pero a cambio, agotó sus recursos pecuniarios y dio su contingente de tropas para libertar las provincias de Quito en cuatro campañas sucesivas. Los colombianos no figuran solos en la batalla del Pichincha que terminó la guerra. Atenidos a ellos solos no habrían podido librar esa memorable batalla, a la cual concurrieron dos batallones peruanos, un escuadrón argentino y un batallón de guayaquileños
Bolívar se negó a aceptar la existencia de un estado soberano que pudiera ensombrecer su grandeza, y respaldado por una fuerza de 1.300 bayonetas que lo acompañaba, inventó un estado de caos republicano para justificar una resolución violenta que se produjo el 13 de julio cuando -de manera prepotente y abusiva- asumió el mando civil y militar de la provincia, se proclamó Jefe Supremo y a través de su secretario envió a la Junta de Gobierno un oficio en el que decía: “S. E. el Libertador de Colombia, para salvar al pueblo de Guayaquil de la espantosa anarquía en que se halla, y evitar las funestas consecuencias de aquella, acogió, oyendo el clamor general, bajo la protección de Colombia al pueblo de Guayaquil; encargándose S. E. del mando político y militar de esta ciudad y su provincia...” (Camilo Destruge.- Historia de la Revolución de Octubre y Campaña Libertadora).
Esta comunicación, que ni siquiera llevaba la firma del Libertador, fue recibida con indignación por los miembros del cabildo guayaquileño, quienes comprendieron que ante tal atropello no podían ofrecer ningún tipo de oposición.
Así, de manera artera, Bolívar ocupó y tomó por la fuerza la ciudad capital de la Provincia Libre de Guayaquil, poniendo fin a un año y nueve meses en que había permanecido independiente y soberana, con un gobierno propio representado por una Junta que había sido elegida democráticamente por voluntad del pueblo, con un territorio definido que -con sus 53.000 km2- integraba en un solo Estado todos los territorios de las actuales provincias de Manabí, Bolívar, Los Ríos, Guayas y El Oro; el sur de Esmeraldas, y las estribaciones de la cordillera occidental.
Con una Constitución conjugada en el Reglamento Provisorio de Gobierno, con un periódico, el Patriota de Guayaquil, que circulaba regularmente informando y orientando a la ciudadanía a través de una libertad de prensa sin tapujos ni intereses; con un ejército, la División Protectora de Quito, que con patriotismo había regado con su sangre todos los campos de batalla para libertar a toda la audiencia; con una marina, representada por la goleta Alcance y sus fuerzas sutiles; con una bandera -la gloriosa celeste y blanco- que había flameado en todos los campos de batalla durante las luchas por la independencia; y una condición de Estado Soberano reconocida por Colombia y Perú y, sobre todo, por el representante de la corona española, Melchor Aymerich, Presidente de la Audiencia de Quito, quien en su oportunidad había escrito a Olmedo, dirigiéndose a él como Presidente de la Junta de Gobierno de Guayaquil.
“Papel mojado fue para Bolívar el Acta de Independencia de Guayaquil, no le importó la libre determinación de la provincia, nada dijo el derecho de gobierno de los pueblos al lector de Montesquieu y de Rousseau, no franqueó sino que rompió las puertas de la ciudad: ¡”Alea jacta est”, hemos hecho la historia!
La prepotente y abusiva actitud de Bolívar puso fin a la natural alegría de la ciudad, y acalló los gritos que expresaban su voluntad independentista. El glorioso pabellón celeste y blanco fue arriado y sustituido por el tricolor de Colombia que fue izado en el muelle, se disolvió la Junta de Gobierno de Guayaquil y sus miembros, atropellados por el dictador, tuvieron que abandonar el país.
Consumado el abuso, Bolívar se preparó para recibir al Gral. San Martín, con quien se había citado en la ciudad que acababa de someter.
Ante estos hechos, los guayaquileños, indignados, escribieron en los muros y paredes de la ciudad:“ Aquí tremoló la intriga... Un tricolor sostenido por la fuerza, con mengua de los derechos del pueblo guayaquileño”.
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